“La última impresión es la que queda”: la lección del profesor Villadiego que hoy recuerda a Camilo Cifuentes

En el colegio Seminario Juan XXIII tuve un profesor de filosofía al que muchos conocían como el “loco Villadiego”.
Entre sus enseñanzas había una frase que, con los años, terminó quedándose en la memoria:
“Estudiantes, la última impresión es la que queda”.
Y enseguida explicaba el porqué: de nada servía comportarse como un excelente estudiante durante los primeros meses del año si al final se terminaba haciendo todo lo contrario. Porque, según su razonamiento, muchas veces las personas terminan recordando con mayor fuerza aquello que ocurre al final.
Hoy, muchos años después, esa frase vuelve a aparecer en mi memoria al observar lo que está ocurriendo alrededor de Camilo Cifuentes.
Durante años, Cifuentes ha construido una imagen pública asociada con la ayuda a otras personas. Ha realizado obras, campañas y acciones que le han permitido ganarse reconocimiento dentro y fuera del país como creador de contenido y como una persona que utiliza su plataforma para tenderle la mano a quienes lo necesitan.
Esa imagen no se construyó de la noche a la mañana.
Son años de contenidos, historias, ayudas y personas que han recibido algún tipo de apoyo de su parte.
Pero ahora una situación de carácter personal ha cambiado, al menos para una parte de la opinión pública, la manera como se le observa.
Las versiones sobre una presunta infidelidad y la controversia que se generó alrededor de su relación sentimental con su esposa han provocado una reacción que trasciende las redes sociales y ha llevado a algunas personas a cuestionar la imagen que tenían de él.
Y aquí conviene hacer una pausa.
Una cosa es cuestionar una conducta dentro de una relación de pareja y otra muy diferente borrar de un plumazo todo lo que una persona haya hecho durante años.
No corresponde justificar lo que haya ocurrido en su vida privada, especialmente cuando se trata de una situación que involucra a una pareja y sobre la cual existen versiones que deben manejarse con prudencia.
Pero tampoco parece razonable concluir que todas las acciones positivas realizadas anteriormente dejan automáticamente de existir porque una persona atraviesa un episodio personal cuestionable.
El problema es que la percepción pública no siempre funciona con esa lógica.
Las personas pueden recordar cien buenas acciones y, sin embargo, concentrar su atención en una sola controversia.
Ahí es donde vuelve la frase del profesor Villadiego: “la última impresión es la que queda”.
Quizás esa sea precisamente la lección que hoy enfrenta Camilo Cifuentes.
No porque una situación personal tenga necesariamente la capacidad de definir toda una vida, sino porque quienes construyen una imagen pública saben que esa imagen también está expuesta a los errores, a las decisiones y a las contradicciones.
El reconocimiento público tiene una particularidad: se construye lentamente, pero puede cambiar rápidamente.
Y eso ocurre con políticos, periodistas, empresarios, artistas, influenciadores y también con creadores de contenido que han hecho de su propia vida parte de su relación con la audiencia.
Cifuentes tendrá que afrontar ahora algo que ninguna obra, ningún video y ninguna ayuda puede resolver por él: la percepción que cada persona decidió formarse después de conocer esta controversia.
Algunos podrán considerar que se trata de un asunto estrictamente privado y que sus acciones sociales deben valorarse independientemente.
Otros pensarán que existe una contradicción entre la imagen que proyectaba y lo ocurrido en su vida personal.
Y habrá quienes, simplemente, prefieran esperar a conocer toda la verdad antes de emitir un juicio.
Tal vez allí esté el punto de equilibrio.
Ni convertir a Camilo Cifuentes en una mala persona por un episodio cuya totalidad no conocemos, ni utilizar sus buenas acciones anteriores para justificar aquello que, de comprobarse, pudo haber causado dolor a otra persona.
Al final, todos somos mucho más que nuestro último error.
Pero también es cierto que nuestros últimos actos pueden cambiar la manera como los demás nos recuerdan.
Eso fue lo que nos enseñaba aquel profesor de filosofía del Seminario Juan XXIII.
Y quién iba a pensar que muchos años después una de sus frases terminaría sirviendo para mirar una controversia que hoy tiene a las redes sociales hablando de Camilo Cifuentes.
¿Usted qué piensa: una mala decisión personal puede cambiar la valoración que tenemos de alguien que durante años ha ayudado a otras personas, o las acciones buenas y los errores deben juzgarse por separado?
