La envidia también hace ruido: cuando ayudar al Chocó parece molestar más que la tragedia

Por Hablando Claro
En Colombia hay algo que no debería necesitar explicación: cuando una comunidad está golpeada por una tragedia, toda mano que llegue con alimentos, medicamentos, elementos de aseo y solidaridad debería ser bienvenida.
Pero, paradójicamente, en medio de la tragedia que vive el Chocó tras el terremoto de magnitud 7,4 ocurrido el pasado 10 de agosto, hay quienes parecen más interesados en cuestionar a quienes ayudan que en preguntarse cómo hacer llegar más asistencia a las comunidades afectadas.
Y ahí aparece una pregunta incómoda: ¿por qué molesta tanto que Óscar Benavides esté ayudando a su pueblo?
El congresista ha promovido una campaña de solidaridad para llevar ayudas al Chocó y, según lo que ha mostrado públicamente, ha participado junto con voluntarios en la recolección y traslado de alimentos, elementos de aseo, toldos, medicamentos y otros insumos hacia las comunidades afectadas.
El terremoto tuvo su epicentro en San José del Palmar, Chocó, y la emergencia ha golpeado con especial dureza a territorios donde las dificultades de acceso y transporte pueden complicar la llegada de asistencia.
En ese contexto, Hablando Claro considera legítimo preguntar si detrás de algunas críticas contra Benavides existe más que una preocupación genuina por la transparencia: existe, quizás, una dosis de envidia política y mediática.
Porque una cosa es exigir transparencia. Eso es sano y necesario.
Otra muy distinta es convertir una campaña de ayuda humanitaria en un espectáculo de sospechas, insinuaciones y ataques.
¿Dónde está el problema?
Si alguien recauda ayudas, lo correcto es que muestre qué recibió, cuánto recibió, cómo lo transportó y a quiénes se entregó.
Y Benavides precisamente ha optado por mostrar parte de ese proceso.
Entonces surge otra pregunta: ¿qué es exactamente lo que incomoda?
¿Que un parlamentario afrodescendiente esté recorriendo su territorio?
¿Que esté recogiendo alimentos?
¿Que esté acompañado de voluntarios?
¿Que esté llegando personalmente a comunidades que necesitan ayuda?
¿O que esa gestión tenga visibilidad pública?
Porque mientras algunos opinan desde Bogotá, desde oficinas cómodas y detrás de un computador, hay personas que están intentando llevar una ayuda concreta a quienes están viviendo las consecuencias de una emergencia que ha dejado devastación en varias regiones del país.
Y aquí es donde entra Vicky Dávila.
Desde Hablando Claro lo decimos sin rodeos: señora Dávila, ya está bueno.
La crítica periodística es necesaria. La vigilancia sobre los recursos también. Pero en una emergencia humanitaria, la crítica debería venir acompañada de argumentos, pruebas y soluciones; no de insinuaciones que terminen desmotivando a quienes están intentando ayudar.
Colombia necesita periodistas que investiguen, sí. Pero también necesita ciudadanos que tiendan la mano.
Y si la pregunta es quién está haciendo algo concreto por las comunidades del Chocó, habrá que mirar menos los estudios de televisión y las redes sociales y mirar más hacia el territorio.
Porque mientras unos hablan, otros cargan cajas. Mientras unos cuestionan, otros transportan ayudas. Y mientras algunos parecen preocupados por quién gana protagonismo, hay comunidades preocupadas por conseguir comida, agua y elementos básicos para seguir adelante.
Eso sí debería preocuparnos.
La solidaridad no debería tener partido político.
No debería tener ideología.
Y mucho menos debería generar celos.
Porque si Óscar Benavides logra que cuatro toneladas de ayuda lleguen a una comunidad damnificada, lo importante no debería ser quién aparece en la fotografía. Lo importante debería ser que la ayuda llegue.
Y si alguien tiene pruebas de que los recursos están siendo utilizados indebidamente, que las presente.
Pero si no las tiene, entonces queda una sospecha inevitable:
¿estamos frente a una preocupación legítima por la transparencia o frente a la vieja envidia de quien no soporta ver que otro haga lo que él no está haciendo?
En Hablando Claro preferimos que las discusiones se den con hechos.
Y los hechos, en una tragedia como esta, deberían conducirnos a una sola conclusión:
al Chocó hay que ayudarlo, no convertir su tragedia en una pelea de egos.
