¿Se va el clan Calle con los Torres? Heidy a la Cámara y Camilo al Senado

Desde hace varios días —y hoy ya con mayor insistencia en algunos medios de comunicación— se da casi por hecho que el grupo político de los Calle estaría tomando la decisión de respaldar la candidatura de Heidi Torres a la Cámara de Representantes, en una jugada que, para muchos, “le cayó sal al jugo” dentro del ajedrez político cordobés.


Lejos de tratarse de una sorpresa, este movimiento parece confirmar que el clan Calle aprendió rápido la nueva dinámica de la política regional: cuando ya no se tiene fuerza electoral propia ni capacidad real de arrastre, lo más rentable es no asumir riesgos, sino convertirse en un grupo de apoyo disponible al mejor postor. Hoy, más que una estructura política con proyecto, actúan como una mercancía electoral, lista para ser negociada.


Durante años fueron presentados como “liberales progresistas”, entre comillas, y no es un detalle menor. En su momento fueron consentidos burocráticamente en el departamento de Córdoba, con cuotas, contratos y espacios de poder. Sin embargo, hoy, cuando los partidos que hacen parte del gobierno nacional cuentan con lista propia a la Cámara, el grupo Calle decide no respaldarla. ¿La razón? Simple y contundente: no van por convicciones ni por proyecto político, van por el botín.
Primero fue el respaldo a Camilo Torres al Senado, un candidato foráneo, ajeno al departamento de Córdoba, pero que ofrece “razones de peso”. Ahora, el mismo libreto se repite con Heidi Torres a la Cámara, consolidando una posible dupla que, más que representar a Córdoba, parece responder a una lógica estrictamente transaccional.
Si esta nueva unión se confirma, sería legítimo preguntarse:
¿hasta dónde llega realmente el peso electoral del clan Calle?
¿cuántos votos reales —y no inflados en discursos— están en capacidad de ofrecerle a Camilo Torres al Senado y a Heidi Torres a la Cámara?
Porque una cosa es el ruido político y otra muy distinta es la votación efectiva. En un escenario donde ya no mandan como antes, la pregunta de fondo no es solo con quién se van, sino qué tan caro venden lo poco que les queda.
La política cordobesa sigue mostrando que, para algunos, las ideologías son flexibles, los principios negociables y las alianzas circunstanciales. Lo que permanece intacto es el objetivo: no quedarse por fuera del reparto, aunque eso implique renunciar a cualquier coherencia política.

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