"Los Calle Aguas: Entre la fortuna política y la ingratitud"

Por: Adel Lopez
La política está marcada por alianzas, lealtades y, a menudo, desencuentros que dejan huella en el panorama público. En el caso de los hermanos Gabriel y Andrés Calle Aguas, su ascenso político, cargado de oportunidades inesperadas y respaldos clave, se ha visto acompañado por señalamientos de ingratitud y deslealtad, tanto con aliados como con movimientos que apostaron por su éxito.
En días recientes, Gabriel Calle Aguas, excandidato a la Gobernación de Córdoba, publicó un escrito en el que minimizó el apoyo de los partidos alternativos que lo acompañaron en su candidatura, insinuando que los cerca de 300 mil votos obtenidos en las elecciones fueron fruto exclusivo de su esfuerzo. Sus declaraciones generaron una respuesta inmediata del ingeniero agrónomo y periodista Fabio Gómez Ricardo, quien, en una contundente columna de opinión, lo calificó como un "despreciable politiquero, desagradecido y falto de gratitud". Gómez Ricardo destacó que, sin el respaldo de movimientos como el Polo Democrático, la Unión Patriótica, Colombia Humana, el Partido Comunista, Comunes, Todos Somos Colombia, entre otros, su candidatura no habría alcanzado la magnitud que tuvo.

Sin embargo, esta no es la única historia de ingratitud que rodea a la familia Calle Aguas. Andrés Calle Aguas, hermano de Gabriel, también ha sido señalado por votantes y antiguos aliados por su falta de lealtad política. Su llegada al Congreso de la República en el periodo 2018-2022 fue, según diversas fuentes, más un golpe de suerte que el resultado de un proyecto político consolidado.
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En 2017, Gabriel Calle Demoya, padre de Andrés, había planeado una candidatura al Senado por el partido Cambio Radical. Sin embargo, a última hora decidió desistir de su aspiración.
Al mismo tiempo, el Partido Liberal buscaba una fórmula a la Cámara de Representantes para acompañar al entonces senador Fabio Amín Saleme en su campaña. En una reunión decisiva en un restaurante de Montería, los líderes liberales Fabio Amín, Orlando Benítez Mora y Maruen Jabib Janna discutían sin llegar a un acuerdo. Fue entonces cuando Gabriel Calle Demoya y Andrés Calle Aguas entraron al restaurante por cosas del destino, y ante la negativa de Gabriel de aspirar al Senado, surgió la propuesta de inscribir a Andrés como la fórmula liberal a la Cámara.
La decisión, tomada en tiempo récord, resultó ser una estrategia exitosa. Fabio Amín logró votos en zonas donde no era tradicionalmente fuerte, como el San Jorge, mientras Andrés Calle se consolidó en el Bajo Sinú, alcanzando una curul en el Congreso a pesar de ser un completo desconocido en el ámbito político. Esta alianza impulsó además el regreso de la familia Calle al escenario político, con Gabriel Calle hijo ocupando el cargo de Secretario de Desarrollo Económico y Agroindustrial de Córdoba durante el gobierno departamental liberal.
A pesar de este meteórico ascenso, la familia Calle se distanció de sus aliados liberales. Fabio Gómez Ricardo resume este comportamiento como "patear el balde", dejando atrás a quienes les tendieron la mano en los momentos clave de su carrera. Hoy, Gabriel Calle enfrenta críticas por desestimar el apoyo del Pacto Histórico, y Andrés Calle, por su parte, ha sido acusado de actuar con desobediencia política y de traicionar los principios de quienes lo ayudaron a llegar al Congreso.
La familia Calle Aguas, aunque políticamente influyente, se ha ganado la reputación de ser aliados impredecibles, lo que podría convertirse en un problema para quienes decidan apostar nuevamente por ellos. Incluso, como señala la columna, no sería extraño que en un futuro se conviertan en enemigos políticos del presidente Gustavo Petro, cuando este advierta la naturaleza voluble de sus actuales aliados.
En resumen, las historias de Gabriel y Andrés Calle Aguas reflejan una trayectoria política marcada por la suerte, las alianzas estratégicas y, lamentablemente, la falta de gratitud hacia quienes les allanaron el camino. Sus casos son un recordatorio de que, en política, las lealtades no siempre son eternas, pero el descontento por la ingratitud sí puede perdurar.
