Carta al Señor Presidente Gustavo Petro

Estimado Señor Presidente de Colombia:

Le escribo estas líneas para reconocer su perseverancia y la incansable lucha que libró para alcanzar el cargo más alto de nuestro país. En una nación tan polarizada entre centro, izquierda, derecha e independientes, su trayectoria ha sido admirable. Muchos de los que votaron por usted no se identifican con ninguna corriente política, pero vieron en usted un líder genuino capaz de impulsar el cambio que tanto anhelamos.

Usted ha demostrado ser un líder en todo el sentido de la palabra, un líder comprometido con la búsqueda de ese cambio que todos deseamos y que, hasta ahora, no hemos logrado materializar. Sin embargo, me veo obligado a expresarle mi profunda preocupación, que ha crecido con el paso de su mandato. No me refiero específicamente a usted, sino al desempeño de algunos de sus colaboradores cercanos.

Como ciudadano del departamento de Córdoba, considero necesario hablar de lo que podemos ver y vivir en nuestro entorno: lo que palpamos y lo que la gente nos comunica cuando se menciona un nombre o se pone bajo la lupa una entidad dirigida por su administración. Casos como los de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), Urrá, y el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), en los cuales sus allegados están al mando, han suscitado dudas y están bajo investigación, a la espera de un resultado que disipe especulaciones.

Señor Presidente, mi inquietud radica en lo siguiente: ¿Quién llevará adelante su legado cuando usted ya no esté al mando, si quienes lo representan en las regiones no están a la altura de su visión y liderazgo? ¿En manos de quién quedaremos si quienes lo rodean actúan con avaricia y ensucian su nombre ante la sociedad?

No es posible que la delegación de funciones se convierta en un problema para usted, el primer mandatario de nosotros, los colombianos. Es urgente revisar de manera exhaustiva las bases sobre las que se asienta su proyecto de cambio para evitar que, en Córdoba, se convierta en un verdadero fracaso.

En nuestro departamento, resulta habitual ver cómo algunos terceros, al ser descubiertos en sus malas prácticas, corren a escudarse en su nombre para justificar sus actos y limpiar su imagen. Este comportamiento, Señor Presidente, no debería tener cabida bajo su administración.

Espero que esta carta le llegue y que pueda tomar acciones para que, en Córdoba, el cambio que prometió sea un éxito y no solo un intento fallido.

Atentamente,
Adel López Montilla

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